Cuando éramos niños escuchábamos a nuestros padres y abuelos aconsejarnos sobre cuál debería ser el comportamiento indicado respecto a nuestros modales; nos repetían una y otra vez que era necesario que fuéramos personas cultas, bien educadas y con una personalidad definida. Respecto a las ofensas que otros pudieran causarnos, sus enseñanzas apuntaban a mantener la calma y resistir el agravio, pues deberíamos ser diferentes al común y no responder mal o con malas palabras.
Nos preguntábamos cómo lograr algo así. ¿Cómo hacer para soportar un insulto, un regaño o una ofensa? No parece ser una actitud fácil de asumir, sin embargo esto mostraría que somos personas educadas y de buenos modales.
Tristemente nos damos cuenta que en la vida real, entre mayor sea nuestra preocupación por aguantar, más difícil se hace y pareciera que las contrariedades de la vida cada vez resultan ser más difíciles de resistir. Aun así, nuestra responsabilidad por mantener una conducta decorosa aumenta con el pasar de los años y cada vez hay más exigencia hacia nosotros respecto de saber rechazar las malas inclinaciones como la rabia, el odio, la venganza, entre otros. |
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