La perseguida, la odiada, la discriminada, la diseminada por todo el mundo, y la condenada por todos, la que nunca tuvo donde habitar y pasó su juventud errante, sin descanso recibiendo disciplina de su Señor, la muy humillada por los imperios y esclavizada Israel. Nación que ha sido y será cuna de los más destacados avances científicos, de las mejores universidades, y donde el analfabetismo es cero, donde hay cero cáncer de útero, donde se producen las mejores hortalizas del mundo y donde se hacen los mejores sistemas de riego del planeta, donde con el ánimo de sus líderes y respaldo de su Dios aprendió a defenderse, siendo la mejor productora de armas de mundo y cuyo ejército posee el honor de tener uno de los mejores entrenamientos militares del mundo.
Como no reconocer que Dios formó de las entrañas de Abraham a Israel y la escogió de entre todos los pueblos para hacer de ella una nación. Como no detenernos en el tiempo y aprender de un pueblo que ha sido tratado por Dios y a la vez tan amado; de la cual dijo el Señor “la niña de mi ojo es Israel” Zacarías 2:8, nación que es el centro de grandes manifestaciones mundiales y eventos que marcarán el final de las centurias, para dar inicio al nuevo amanecer con Cristo; también llamada “El reloj Profético” a una Israel así yo quiero pertenecer. Una nación que reflejará la gloria de Dios y de la cual saldrá la ley que regirá al mundo. De allí salió el Mesías que Dios prometió a la humanidad, aquel que dejó de llamarse judío para llamarse mi amigo y amigo de todos los que le creen y le siguen.
La Nación que Dios puso por ejemplo para el resto de los pueblos y a la cual escogió no por ser la mejor sino para hacer de ella la mejor. Yo si quiero pertenecer a la nación de Dios, nación a la que me uno por fe para recibir todas sus riquezas y promesas en Cristo Jesús, injertados como ramas en el olivo original, “siendo naturales”. A una ciudadanía celestial que puedo imitar por su Espíritu Santo en el amor a Dios y su devoción.
Qué bueno sería para ti, los tuyos y tu iglesia si incluyeras en tus oraciones por la conversión y por la paz de Israel, bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová (sal144:15) “alegrémonos con los que dicen, a la casa de Jehová iremos, dentro de tus puertas estaremos seguros, porque está bien unida entre sí. Orad por la paz de Jerusalén, y prosperidad sea sobre los que oran por Israel (sal122:1-7) bendición económica y espiritual.
Oscar Marino Muñoz
Licenciado en Ciencias Teológicas
Ministerio de Varones Comunidad del Espíritu Santo